• LIBERTADOR BOLÍVAR, BIOGRAFÍA EXTENSA

    SIMÓN BOLÍVAR
    ( Libertador.)

    EL LIBERTADOR Simón Bolívar nació en la ciudad de Carácas, República de Venezuela, en la noche del 24 de julio de 1783.

    Huérfano de padre a los tres años, su madre, la señora Concepcion Palacio i Sojo, cuidó de él con gran solicitud, esforzándose en darle una esmerada educacion.

    A los 15 años de su edad, Bolívar tuvo la desgracia de perder a la buena señora que lo llevara en sus entrañas, i habiendo quedado bajo la curatela de don Cárlos Palacio, éste lo envió a España, en enero de 1799, a fin de que terminase su educacion, recomendándolo en Madrid a don Estévan Palacio, su tio.

    Este señor tenia relaciones de sincera amistad con el favorito de Cárlos IV i María Luisa, don Manuel Mallo, circunstancia que le valió a Bolívar el haber sido recibido en la Corte.

    Hácia el mes de diciembre de 1801 contrajo matrimonio en Madrid con la señorita Teresa Toro i Alayza, de noble nacimiento i oríjen americano, e inmediatamente regresó a su patria, a fin de disfrutar en ella de la inmensa fortuna que habia heredado de sus padres.

    El 22 de enero de 1803, a los diez meses de su arribo a Carácas, la muerte abrió nuevos senderos a su vida, arrebatándole a la que habia de ser la dulce i tierna compañera de sus futuros años.

    Tan inesperado acontecimiento lo determinó a hacer un segundo viaje a Europa, volviendo a fines del año últimamente citado a Madrid, de donde pasó poco despues a Francia, atraido por las glorias de Napoleon el grande, yendo en 1805 a Italia.

    Hallándose en Roma en compañía de su maestro de primeras letras, don Simon Rodríguez, visitaban ambos, en una tarde de hermoso sol, el Aventino, i sobre las colinas de aquel monte de tantos i tan sublimes recuerdos históricos, Bolívar, lleno de inspiracion, juró a su compañero la libertad de su Patria.

    Desde este instante se dedicó con inquebrantable entusiasmo, a semejanza de los antiguos guerreros romanos, a dar forma práctica a la idea que mantenia en febril ajitacion su espíritu i que habia acariciado desde su primera juventud.

    Al terminarse el año de 1806, despues de haber visitado la Holanda i los Estados Unidos de América, volvió a Carácas, i por cuantos mediós estuvieron a su alcance trabajó en el sentido de infundir en la conciencia de sus conciudadanos el amor a la libertad ; esfuerzo que por aquel entónces parecia inútil, por cuanto a que en tal época fracasó en Coro la primera espedicion lanzada por el ilustre Jeneral Francisco Miranda sobre Venezuela.

    A pesar de todo, Bolívar, como todos los hombres de jenio positivo que saben remover los obstáculos i leer claramente en el porvenir, continuó en sus planes de emancipacion, halagando la idea de fundar en su patria, cautiva por tres centurias, un gobierno propio popular.

    Dió principio a. su obra promoviendo juntas en su casa de campo, a las márjenes del Guaire, a las que asistian muchos jóvenes notables a quienes estaba dado dormir mas tarde en el regazo de la inmortalidad.

    El entusiasmo por la República llegaba a la cima de su apojeo, cuando en 1809 Empá-ran, Capitan jeneral de Venezuela, penetrado del espíritu revolucionario que amenazaba su poder, echó por tierra algunas concesiones hechas por el Supremo Gobierno de la Metrópoli a los venezolanos, declarando que en adelante no habria, especialmente en Garácas, "mas lei, ni otra voluntad que la suya."

    Desde este momento Bolívar conspiró con mayor entusiasmo contra los tiranos de su Patria, i en compañía de otros republicanos logró deponer al Jefe español en 19 de | abril de 1810, fundándose en Carácas una "Junta pública revolucionaria."

    Dado este paso, cuya audacia era incomparable, fué como comisionado de la Junta, en asocio de don Manuel López Méndez, cerca de su Majestad Británica, a fin de buscar en aquel Gobierno apoyo i simpatías para la causa de la independencia americana.

    El Libertador fué tratado cortesmente en Lóndres por el marqués Wellesley, Ministro de Estado i Relaciones Esteriores, pero mui poco pudo obtener del Gabinete inglés, que a la sazon tenia un tratado de estrecha alianza con España.

    Entónces, asociado del Jeneral Miranda, resolvió regresar nuevamente a su Patria, arribando a la Costa firme el 5 de diciembre del año citado.

    Venezuela se hallaba en esta época en mejor situacion política para los independientes, pues habian logrado reunir una Asamblea de oríjen popular, con el objeto de rejir el país por los principios del gobierno representativo.

    A su llegada a Carácas, Bolívar i Miranda fundaron una "Sociedad patriótica," especie de "Montaña," que sirvió en alto grado a la causa de la libertad.

    Los miembros de aquella Sociedad, a semejanza de los soberbios galos del tiempo de Cayo, no tenian mas pensamiento que uno, el de ser libres; ni otra idea que la de combatir el despotismo.

    Así que, en alas del mas acendrado patriotismo, proclamaron en 5 de julio de 1811 la independencia absoluta de Venezuela del ominoso poder español.

    Una vez dado este paso, el Jeneral Miranda, que tantos esfuerzos habia hecho por la República universal en 1793, peleando al lado de los jirondinos, fué encargado del mando de las fuerzas patriotas, e inmediatamente acompañado de Bolívar, Coronel entónces del batallon Aragua, abrió campaña sobre la ciudad de Valencia, en donde estaba lo mas florido de las tropas realistas.

    El 13 del mes siguiente, agosto, fué tomada esta plaza, dejando bien puesto su nombre así los vencedores como los vencidos.

    Bolívar, por su parte, lidiador insigne e intrépido, echó en el sitio de Valencia los cimientos de su fama guerrera..

    La victoria del 13 de agosto hubiera tenido mayor resonancia para los independientes, apesar de los esfuerzos hechos posteriormente por el brutal Monteverde en favor de la causa de España, sin el terremoto ocurrido e1 26 de mayo de 1812 en Carácas, que destruyó muchos elementos de guerra que habian conquistado los republicanos.

    A consecuencia. de este suceso, i habiendo obtenido los realistas algunas ventajas sobre la revolucion, Bolívar se retiró con una pequeña fuerza a San Mateo, de donde fué mandado llamar por Miranda poco despues, a fin de que ocupara la plaza de Puerto Cabello, punto en donde los patriotas tenian acopiados algunos recursos.

    Una vez Bolívar en aquel lugar, Monteverde lanzó sus lejiones sobre él, sosteniendo los republicanos por tres dias el vigoroso empuje del enemigo, hasta el 6 de julio, en que, falto enteramente de tropa el Jefe patriota, se embarcó en Borburata en direccion hácia la Guaira.

    En la Guaira fué preso, i traido a Carácas, se le indultó por Monteverde, debido a la influencia del vizcaino don Francisco Iturbe, que tenia gran ascendiente entre los españoles, recibiendo pasaporte para salir de Venezuela, lo que efectuó el 27 de agosto en rumbo hácia Curazao.

    Hombre prodijioso, sabiendo que llevaba sobre sus hombros los deberes i destinos del héroe, i no teniendo mas pensamiento que el de salvar a su Patria, a la América esclavizada, resolvió marchar de Curazao para Cartajena, Nueva Granada, a donde llegó el 1° de diciembre, siendo nombrado en el acto Coronel de las fuerzas de Barranca, bajo las órdenes del frances Pedro Labatut.

    Atrevido por temperamento e inquieto por carácter, emprendió el 23 del mismo mes el asalto del "Fuerte de Tenerife," tomando al enemigo la artillería i buques que allí habia.

    En seguida fué, por órden del Gobernador de Cartajena, doctor Manuel Rodríguez Toríces, a libertar de la ominosa opresion española el alto Magdalena, venciendo espléndidamente a los realistas, con una pequeña fuerza de cuatrocientos hombres, en el Guamal, Banco, Puerto Real de Ocaña i Chiriguaná.

    Tales victorias le merecieron del Gobierno granadino el mando de otra espedicion contra las provincias de Cúcuta i Pamplona, en cuya empresa no fué ménos feliz que en la anterior, pues que libertó los valles de Cúcuta, venciendo las fuerzas que ocupaban aquel territorio, a cargo del Coronel don Ramon Correa i Guevara..

    En esta campaña Bolívar, que, como dijo un eminente compatriota nuestro, " era como el fuego del cielo que brillaba en medio de las tempestades," adquirió gran reputacion de intrépido i apto para la direccion de la guerra.

    Vencido Correa, volvió con quinientos hombres i algún armamento a Ocaña.

    Deseando libertar a Venezuela, pasó el Táchira el | 1 | de marzo de 1813 i acantonó sus tropas en territorio venezolano, preparándose para luchar nuevamente contra el sanguinario Monteverde.

    Para esta invasion, arriesgada en estremo, prestó su beneplácito el doctor Camilo Tórres, Presidente en aquella época del Gobierno jeneral de la Union, quien, ademas de la licencia, envió a Bolívar el despacho de Brigadier i el título de ciudadano de la Nueva Granada.

    Bolívar ocupó a Mérida el 30 de mayo, i de aquí partió para Trujillo, a donde llegó el 14 de junio.

    El 28 se dirijió a Guanare i de allí pasó a San Cárlos, venciendo todos los obstáculos que estos rápidos i atrevidos movimientos le ofrecian.

    En el tránsito de Guanare a San Cárlos hizo que sus valientes capitanes, granadinos casi todos, cosecharan las gloriosas victorias de Horcones i Niquitao, dando él la famosa batalla de los Llanos, en la que el ejército realista, a órdenes del sanguinario Izquierdo, fué completamente vencido.

    El 1° de agosto las fuerzas republicanas marcharon sobre Valencia en solicitud de Monteverde, quien, sabiendo la calidad de los hombres con quienes tenia que combatir, i estando declarada la guerra a muerte, abandonó la citada plaza dirijiéndose a Puerto Cabello.

    Bolívar; que comprendia como César las ventajas que en campaña ofrece la celeridad en los movimientos, siguió sobre Carácas, ocupando la ciudad el dia 6, la que abandonó el 16 para marchar sobre el enemigo.

     

    El ataque del Fuerte de Puerto Cabello no le produjo los resultados que se proponia, por falta de los elementos navales indispensables para una empresa de esta magnitud, i despues de ocho dias de combate se vió en la necesidad de levantar el sitio, retirándose de allí estratéjicamente.

    Monteverde, creyendo que los patriotas habian sido derrotados, siguió en su persecucion, presentándose a Bolívar la ocasion de escarmentar a los tiranos una vez mas, venciéndolos el dia 30 en las alturas de Bárbula; batalla en que la Patria perdió al ínclito Jirardot, i en seguida en las Trincheras, en donde la sangre de este mártir quedó vengada, viéndose obligados los españoles a volver a sus antiguas posiciones.

    Obtenidos estos dos triunfos, Bolívar volvió a Carácas en busca de nuevos recursos, i allí fué proclamado popularmente "|Líbertador."

    En efecto, Venezuela parecia por aquel entónces libertada!

    Algunos meses habian pasado, i ya los realistas, repuestos del pánico que les habia causado el valor, la constancia i los triunfos obtenidos por el gran jenio de la libertad, tornaron pertinaces a alzar el grito de una nueva i formidable insurreccion.

    En Barquisimeto, especialmente, habian logrado levantar una fuerza numerosa que amenazaba la causa de la independencia.

    Bolívar marchó sobre este ejército, i el 10 de noviembre lo derrotó en el campo glorioso de Gaburare; pero al dia siguiente, habiéndose repuesto el Jefe Cebállos, merced a los auxilios que recibiera, venció a su vez las tropas republicanas despues de una batalla en que la muerte hizo buena cosecha en uno i otro campo.

    Esta victoria sirvió al Jeneral Salomon, que habia llegado a Puerto Cabello en repuesto de Monteverde, para ponerse en persecucion de las reliquias del ejército patriota, las que, habiéndose unido a una tropa comandada por el benemérito Jeneral José Félix Rívas, derrotaron el 25 a Salomon en las agrestes montañas de Patanemo.

    Obtenida esta victoria, Bolívar lanzó inmediatamente sus impetuosos soldados sobre Cebállos i Yáñez, que se habian unido en Araure, i allí los venció el 5 de diciembre en singular combate, ocupando de nuevo, el 8, la ciudad de Valencia, de la que pasó en seguida a Carácas.

    Con esto terminaron los prodijios obrados el año de 1813 por Bolívar i los capitanes que tuvieron la gloria de acompañarlo.

    El 1° de enero de 1814 se reunió en Carácas una " Asamblea popular," i en vista de la situacion de Venezuela, Bolívar fué proclamado " Dictador."

    El, en un elocuente manifiesto, rehusó tal título, que ofendia su dignidad de republicano; pero celoso de la libertad, asumió la actitud que el estado de la política, le aconsejaba, hallándose su Patria plagada de guerrillas realistas i amenazada por numerosos ejércitos comandados por Calzada, el fiero Bóves, | Yáñez, Lizon, Moráles i otros Jefes que Hácian gala de crueles, talando los campos i desolando las poblaciones por donde pasaban.

    El mercenario Bóves, altivo de carácter e intrépido, deseaba conquistarse un nombre midiendo sus armas con las del|Libertador, como que éste era el mas formidable enemigo de su Rei, i a fin de llevar a cima sus esperanzas, levantó una numerosa lejion i se dirijió sobre Carácas.

    Bolívar abandonó esta plaza, i mediante hábiles movimientos burló la táctica de su enemigo, ocupando a San Mateo el 20 de febrero, despues de haber dejado al Coronel D' Eluyar, con la mitad de sus tropas, mandando la línea sitiadora de Puerto Cabello.

    El dia 28 Bóves, acompañado de siete mil hombres, en su mayor parte de caballería, atacó al |Libertador en las alturas de San Mateo, i despues de diez horas i média de combate en que la sangre corrió a torrentes, los republicanos obtuvieron el triunfo, replegándose el caudillo español sobre la villa de Cura.

    Bolívar no pudo perseguir a los realistas por el estado en que quedó su corto ejército, i los españoles volvieron sobre él el 17 de marzo, sufriendo un nuevo rechazo.

    Bóves, que era pertinaz i tan valiente como carnicero, volvió a atacar el 20 el injenio de San Mateo, en donde estaba el parque, custodiado por el Capitan Antonio Ricaurte.

    Ricaurte, viendo que no podia resistir el empuje de los tiranos, hizo salir de la casa a los pocos hombres que lo acompañaban, i mas grande que Scevola, puso fuego al parque, entregando su nombre a la admiracion de las jeneraciones futuras !

    Aterrado Bóves del heroismo de sus contrarios, i habiendo sufrido grandes pérdidas, levantó el sitio de San Mateo el 30 de marzo, despues de haber sido rechazado por mas de treinta veces durante el tiempo del sitio.

    Concluido este sangriento i glorioso drama, Bolívar repuso i aumentó en lo posible | su ejército |, resuelto a sitiar de nuevo a Puerto Cabello, pero desgraciadamente obtuvo | el 17 de abril | la triste nueva de la derrota del Jeneral Mariño en Pao, i esto le hizo variar de plan, obligándolo a marchar sobre las fuerzas de Cajigal i Calzada.

    Las huestes de estos dos espertos tenientes de Fernando VII se hallaban en Carabobo, i allí aguardaron imperturbables las lejiones del |Libertador. El 28 de mayo Bolívar atacó a los españoles, i despues de un reñido duelo los realistas fueron vencidos.

    Pero a la sazon que se obtenia esta victoria, Bóves tambien cosechaba laureles venciendo las reliquias del ejército del |Jeneral Mariño en La Puerta i las tropas republicanas que se hallaban acantonadas en San Francisco, tomando inmediatamente la ciudad de Carácas.

    Bolívar se retiró entónces, 6 de julio, a Barcelona, i de allí pasó a Aragua, en donde fué atacado por el numeroso ejército de Moráles el 18 de agosto, viéndose en la necesidad de retirarse del campo de batalla despues de seis horas de sangriento combate.

    Estos i otros incidentes desgraciados lo obligaron a seguir hácia Carúpano, de donde salió con unos pocos compañeros, 9 de septiembre, en rumbo hácia Cartajena.

    Inconstante el destino que protejiera las huestes de la libertad en 1813, las abandonaba en 1814!.

    Mas aquí es necesario advertir que, a pesar de los reveses de la fortuna, Bolívar que sabia como Aníbal hacerse superior a la derrota, no habria sido desgraciado en su campaña del año de 14 si algunos de sus mas distinguidos subalternos, dejando a un lado el sentimiento de rivalidad que los dominaba, nacido del amor a la gloria, hubieran obedecido estrictamente sus órdenes ; pero pretendiendo Piar, Rívas, Mariño i aun Bermúdez, ser mas grandes que él, así en la majistratura como en la guerra, burlaron sus planes i perdiéndose todos por el momento, prolongaron el advenimiento de la Patria libre.

    El |Libertador llegó a Cartajena el 25 de setiembre, i como no pudo avenirse con el Jefe de aquella plaza, don Manuel Castillo,remontó el Magdalena a fin de venir a Tunja, en donde estaba reunido el " Congreso granadino."

    Una vez en Tunja, fué comisionado por el Supremo Gobierno para someter a Santafé, que, bajo la dictadura de don Manuel Bernardo de Alvarez, se habia separado de la Union.

    Bolívar cumplió su cometido estrictamente, tomando la ciudad el 12 de diciembre, despues de tres dias de sitio; siendo nombrado por el Gobierno de Nueva Granada, en recompensa de tal accion, Capitan jeneral de los ejércitos de la Confederación.

    Inmediatamente instó al Gobierno para que le permitiera pacificar las costas de la .República, i habiéndolo obtenido, partió con una fuerza de dos mil hombres el 24 de enero de 1815, en dirección a aquellos lugares.

    Llegado que hubo a Mompos, a tiempo en que los españoles eran dueños de toda la antigua provincia de Santamarta, desde el mar hasta Ocañia, el Gobernador de Cartajena i algunos de sus parciales, arrastrados por el ruin sentimiento de la emulacion, se declararon en completo antagonismo con el |Libertador ; i como la mencionada autoridad era la que debia dar los elementos necesarios para la campaña, no pudiendo Bolívar obtener auxilios para armar sus tropas, apesar de haber trabajado para ello por mas de tres meses, se embarcó el 8 de mayo, con una corta espedicion, en direccion hácia Jamaica, con el propósito de buscar en las Antillas los recursos del caso para volver a su Patria a luchar contra don Pablo Morillo, que habia ocupado a Venezuela con un considerable ejército.

    El resto del año de 1815 lo pasó sin poder arribar a la Costa firme, escribiendo en Jamaica contra los tiranos, denunciando sus crímenes a la conciencia del mundo civilizado, i buscando elementos para afrontar a un enemigo poderoso, que contaba ya en Nueva Granada i Venezuela con alga mas de veinte mil europeos de ejército.

    El |Libertador, poseido de su misión i sin fijarse en los innumerables obstáculos que se oponian a sus miras, habia pronunciado el |fiat lux i borrado de su memoria la palabra |imposible. Entregando todo su ser al servicio de una causa, grande como ninguna pero difícil como pocas, solo pensaba por encima de todo i al traves de todo, " en llevar el íris de la República desde donde paga su tributo al Dios de las aguas el caudaloso Orinoco, hasta las cumbres arjentadas del Cuzco i Potosí, declarando la libertad de América desde el templo del sol."

    Infatigable en sus procederes, el 20 de marzo de 1816 salió de los Cayos de San Luis con siete goletas de guerra en direccion a la isla de Margarita, llevando algunos elementos comprados a caro precio, tropa i un puñado de valerosos capitanes dignos de pasar el Rubicon i de poner su planta sobre las termópilas.

    El 7 de mayo llegó a la Villa del Norte, i allí convocó una reunion de patriotas para deliberar sobre la suerte de Venezuela i el partido que se debiera tomar a fin de desatarle las pesadas cadenas que la oprimian.

    La Junta, despues de haber dictado algunos acuerdos, proclamó a Bolívar Jefe Supremo de la República; i éste, sin pérdida de tiempo, marchó sobre Carúpano; batiendo el 1 |° de junio la guarnicion que allí habia.

    En Carúpano dió su plan de campaña i, dividiendo su corto ejército, empezó a obrar sobre el enemigo en distintas direcciones.

    Como a fines del año 14, varios de sus subalternos desconocieron su autoridad, i el enemigo los venció a pesar de los poderosos esfuerzos que hicieron para lograr la victoria.

    Todo estaba perdido nuevamente!.

    Bolívar, acosado por todas partes, tuvo que penetrar en los inclementes valles de Aragua, anclando en el puerto de Ocumare el 5 de julio.

    De aquí, despues de mil vicisitudes, fué de lugar en lugar sobre la costa occidental de Cumaná, hasta tanto que, víctima de terribles contratiempos que si desgraciados para la causa, no llegaron jamas a abatir la grandeza de su espíritu, se embarcó de nuevo en la Guaira, haciendo rumbo a las playas hospitalarias de Haití.

    Durante su ausencia de la Costa firme, los patriotas lograron obtener algunas ventajas en Venezuela. El infortunado Piar, soberbio como los héroes lejendarios que tomaron a Sagunto, batió a Moráles en el Juncal, i el noble Mac-Gregor venció a Quero en Quebrada Honda i San Francisco.

    Estos triunfos, de alta resonancia para la independencia, despertaron por el momento ciertas rivalidades entre los Jefes patriotas, i próximo a perderse el ejército republicano por la anarquía, cada cual depuso sus personales aspiraciones ante el patriotismo, i se resolvió llamar a Bolívar a fin de que dirijiera las operaciones, tanto civiles como militares, encargándose de esta comision el eminente estadista, doctor Francisco Antonio Zea.

    El |Libertador, que solo era dominado por la idea de la Patria libre, echó a un lado la ingratitud de sus compañeros de armas i, en olvido completo de los agravios pasados, volvió a prestar su eficaz cooperacion a la santa causa de sus convicciones, con el mismo entusiasmo de siempre.

    Llegado que hubo a Margarita el 8 de diciembre, proclamó sublimemente a los venezolanos, suplicándoles se pusieran al servicio de la República.

    El 1.° de enero de 1817 volvió a pisar el continente americano para no abandonarlo mas.

    Una vez ocupada Barcelona con una fuerza de setecientos hombres, en su mayor Parte colecticios, se movió el 8 sobre los valles de Carácas, atacando en las Trincheras de Unare una columna comandada por don Francisco Jiménez, por la que fué rechazado i obligado a volver a Barcelona.

    Sabedor de este suceso el español Moxo, partió sobre el |Libertador el 8 de febrero con una fuerza respetable, pero éste le opuso una indomable resistencia i los realistas tuvieron que desistir de su empresa despues de haber sufrido grandes pérdidas.

    El 25 de marzo emprendió Bolívar viaje para Guayana a fin de ponerse en comunicación con Piar, i hacer de aquella provincia el centro de las operaciones militares i administrativas.

    El 2 de mayo se avistaron estos dos grandes colaboradores de la libertad americana, i fué tal su cordialidad en aquella entrevista, que " nadie podia creer, dice un testigo ocular, que aquellos dos poderosos atletas del derecho llegaran a enemistarse de manera tan inconciliable."

    El dia 20 abrió Bolívar campaña sobre el enemigo, i despues de algunos combates parciales ocupó la ciudad de Angostura, abandonada el 17 de julio por el brioso mariscal don Miguel de Latorre.

    En Angostura asentó el |Libertador su Gobierno ;

    Dictó sabios decretos sobre organización de la hacienda pública ;

    Fundó el Consejo de Estado;

    Organizó las milicias libres ;

    Dispuso la libertad de los esclavos;

    Hizo gran. acopio de elementos militares ; i

    Envió tropas a muchos de sus valientes capitanes para que cosecharan victorias.

    Deseoso de volver a Carácas, a donde las necesidades de la guerra lo llamaban imperiosamente, levantó un ejército respetable por su número i por la decision de sus soldados, i avanzó una parte de él, al mando del incomparable Jeneral Zaraza, sobre el pueblo de Orituco i los llanos de Calabozo, para que vijilara los movimientos del enemigo.

    Desgraciadamente Zaraza comprometió una batalla el 30 de noviembre contra las fuerzas de Latorre, i fué vencido en el sitio de Hogaza.

    El |Libertador Dió a este contratiempo la i

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    SIMÓN BOLÍVAR - CARTA DE JAMAICA

     

     

    Me apresuro a contestar la carta de 29 del mes pasado que Ud. me hizo el honor de dirigirme, y que yo recibí con la mayor satisfacción.

     

    Sensible, como debo, al interés que Ud. ha querido tomar por la suerte de mi patria, afligiéndose con ella por los tormentos que padece, desde su descubrimiento hasta estos últimos períodos, por parte de sus destructores los españoles, no siento menos el comprometimiento en que me ponen las solícitas demandas quede. me trace sobre los objetos más importantes de la política americana. Así, me encuentro en un conflicto, entre el deseo de corresponder a la confianza con que Ud. me favorece, y el impedimento de satisfacerla, tanto por la falta de documentos y libros, cuanto por los limitados conocimientos que poseo de un país tan inmenso, variado y desconocido, como el Nuevo Mundo.

     

    En mi opinión es imposible responder a las preguntas con que Ud. me ha honrado. El mismo barón de humboldt, con su universalidad de conocimientos teóricos y prácticos, apenas lo haría con exactitud, porque aunque una parte de la estadística y revolución de América es conocida, me atrevo a asegurar que la mayo está cubierta de tinieblas y, por consecuencia, sólo se pueden ofrecer conjeturas más o menos aproximadas, sobre todo en lo relativo a la suerte futura y a los verdaderos proyectos de los americanos; pues cuantas combinaciones suministra la historia de las naciones, de otras tantas es susceptible la nuestra por su posición física, por las vicisitudes de la guerra, y por los cálculos de la política.

     

    Como me conceptúo obligado a prestar atención a la apreciable carta de Ud., no menos que a sus filantrópicas miras, me animo a dirigirle estas líneas, en las cuales ciertamente no hallará Ud. Las ideas luminosas que desea, mas sí las ingenuas expresiones de mis pensamientos.

     

    "Tres siglos ha, dice Ud., que empezaron las barbarbaridades que los españoles cometieron en el grande hemisferio de Colón". Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humane; y jamás serían creídas por los críticos modernos, si, constantes y repetidos documentos, no testificasen estas infaustas verdades. El filantrópico obispo de Chiapas, el apóstol de la América, Las Casas, ha dejado a la posteridad una breve relación de ellas, extractadas de las sumarias que siguieron en Sevilla a los conquistadores, con el testimonio de cuantas personas respetables había entonces en el Nuevo Mundo, y con los procesos mismos que los tiranos se hicieron entre sí, como consta por los más sublimes historiadores de aquel tiempo. Todos los imparciales han hecho justicia al celo, verdad y virtudes de aquel amigo de la humanidad, que con tanto fervor y firmeza, denunció ante su gobierno y contemporáneos los actos más horrorosos de un frenesí sanguinario. Con cuánta emoción de gratitud leo el pasaje de la carta de Ud. en que me dice: "que espera que los sucesos que siguieron entonces a las armas españolas, acompañen ahora a las de sus contrarios, los muy oprimidos americanos meridionales"! Yo tomo esta esperanza por una predicción, si la justicia decide las contiendas de los hombres. El suceso coronará nuestros esfuerzos porque el destino de la América se ha fijado irrevocablemente; el lazo que la unía a la España está cortado: la opinión era toda su fuerza; por ella se estrechaban mutuamente las partes de aquella inmensa monarquía; lo que antes las enlazaba, ya las divide; más grande es el odio que nos ha inspirado la Península, que el mar que nos separa de ella; menos difícil es unir los dos continentes, que reconciliar los espíritus de ambos países. El hábito a la obediencia; un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza, nos venía de España. De aquí nacía un principio de adhesión que parecía eterno, no obstante que la conducta de nuestros dominadores relajaba esta simpatía, o, por mejor decir, este apego forzado por el imperio de la dominación. Al presente sucede lo contrario: la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos; todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz, y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretender de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, la América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrancado tras sí la victoria.

     

    Porque los sucesos hayan sido parciales y alternados, no debemos desconfiar de la fortuna. En unas partes triunfan los independientes mientras que los tira nos en lugares diferentes obtienen sus ventajas, y ¿cuál es el resultado final? ¿no está el Nuevo Mundo entero, conmovido y armado para su defensa? Echemos una ojeada y observaremos una lucha simultánea en la inmensa extensión de este hemisferio. El belicoso estado de las provincias del Río de la Plata ha purgado su territorio y conducido sus armas vencedoras al Alto Perú, conmoviendo a Arequipa e inquietando a los realistas de Lima. Cerca de un millón de habitantes disfruta allí de su libertad.

     

    El reino de Chile, poblado de 800.000 almas, está lidiando contra sus enemigos que pretenden dominarlo; pero en vano, porque los que antes pusieron un término a sus Conquistas, los indómitos y libres araucanos, son sus vecinos y compatriotas; y su ejemplo sublime es suficiente para probarles, que el pueblo que ama su independencia por fin la logra.

     

    El virreinato del Perú, cuya población asciende a millón y medio de habitantes, es sin dude el más sumiso y al que más sacrificios se le han arrancado pare la cause del Rey; y bien que sean vanas las relaciones concernientes a aquella porción de América, es indudable que ni está tranquila, ni es capaz de oponerse al torrente que amenaza a las más de sus provincias.

     

    La Nueva Granada que es, por decirlo así, el corazón de la América, obedece a un gobierno general exceptuando el reino de Quito, que con la mayor dificultad contiene sus enemigos por ser fuertemente adicto a la causa de su patria, y las provincias de Panamá y Santa Marta que sufren, no sin dolor, la tiranía de sus señores. Dos millones y medio de habitantes están esparcidos en aquel territorio, que actualmente defienden contra el ejército español bajo el general Morillo, que es verosímil sucumba delante de la inexpugnable plaza de Cartagena. Mas si la tomare será a costa de grandes pérdidas, y desde luego carecerá de fuerza bastante pare subyugar a los morigerados y bravos moradores del interior.

     

    En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos, y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa; no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de la América. Sus tiranos gobiernan un desierto; y sólo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una precaria existencia: algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan. Los más de los hombres han perecido por no ser esclavos, y los que viven, combaten con furor en los campos y en los pueblos internos, hasta expirar o arrojar al mar a los que, insaciables de sangre y de crímenes, rivalizan con los primeros monstruos que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva. Cerca de un millón de habitantes se contaba en Venezuela; y, sin exageración, se puede asegurar que una cuarta parte ha sido sacrificada por la sierra, la espada, el hambre, la peste, las peregrinaciones: excepto el terremoto, todo resultado de la guerra.

     

    En Nueva España había en 1808, según nos refiere el barón de Humboldt, 7.800.000 almas con inclusión d e Guatemala . Des de aquel la época, la insurrección que ha agitado a casi todas sus provincias ha hecho disminuir sensiblemente aquel cómputo, que parece exacto; pues más de un millón de hombres ha perecido, como lo podrá Ud. ver en la exposición de Mr. Walton, que describe con fidelidad los sanguinarios crímenes cometidos en aquel opulento imperio. Allí la lucha se mantiene a fuerza de sacrificios humanos y de todas especies, pues nada ahorran los españoles con tal que logren someter a los que han tenido la desgracia de nacer en este suelo, que parece destinado a empaparse con la sangre de sus hijos. A pesar de todo, los mejicanos serán libres porque han abrazado el partido de la patria, con la resolución de vengar a sus antepasados o seguirlos al sepulcro Ya ellos dicen con Raynal: llegó el tiempo, en fin, de pagar a los españoles suplicios en suplicios y de ahogar esa raza de exterminadores en su sangre o en el mar.

     

    Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas, pueden formar una población de 700 a 800.000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independientes. Mas ¿no son americanos estos insulares? ¿no son vejados? ¿no desean su bienestar?

     

    Este cuadro representa una escala militar de 2.000 leguas de longitud y 900 de latitud en su mayor extensión, en que 16.000.000 de americanos defienden sus derechos o están oprimidos por la nación española, que aunque fue, en algún tiempo, el más vasto imperio del mundo, sus restos son ahora impotentes pare dominar el nuevo hemisferio y hasta pare mantenerse en el antiguo. ¿Y la Europa civilizada, comerciante y amante de la libertad, permite que una vieja serpiente, por solo satisfacer su saña envenenada, devore la más bella parte de nuestro globo? ¡Qué! ¿está la Europa sorda al clamor de su propio interés? ¿No tiene ya ojos pare ver la justicia? ¿Tanto se ha endurecido, pare ser de este modo insensible? Estas cuestiones cuanto más las medito, más me confunden: llego a pensar que se aspira a que desaparezca la América; pero es imposible, porque toda la Europa no es España. ¡ Qué demencia la de nuestra enemiga, pretender reconquistar la América, sin marina, sin tesoro y casi sin soldados! pues los que tiene, apenas son bastantes pare retener a su propio pueblo en una violenta obediencia y defenderse de sus vecinos. Por otra parte, ¿podría esta nación traer el comercio exclusivo de la mitad del mundo, sin manufacturas, sin producciones territoriales, sin artes, sin ciencias, sin política? Lograda que fuese esta loca empresa; y suponiendo más aún, lograda la pacificación los hijos de los actuales americanos, unidos con los de los europeos reconquistadores, ¿no volverían a formar dentro de veinte años, los mismos patrióticos designios que ahora se están combatiendo.

     

    La Europa haría un bien a la España en disuadirla de su obstinada temeridad; porque a lo menos le ahorraría los gastos que expende, y la sangre que derrama; a fin de que, fijando su atención en sus propios recintos, fundase su prosperidad y poder sobre bases más sólidas que las de inciertas conquistas, un comercio precario y exacciones violentas en pueblos remotos, enemigos y poderosos. La Europa misma por mires de sane política, debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la independencia americana; no solo porque el equilibrio del mundo así lo exige; sino porque este es el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio. La Europa que no se halla agitada por las violentas pasiones de la venganza, ambición y codicia, como la España, parece que estaba autorizada por todas las leyes de la equidad a ilustrarla sobre sus bien entendidos intereses.

     

    Cuantos escritores han tratado la materia se acuerdan en esta parte. En consecuencia, nosotros esperábamos con razón que todas las naciones cultas se apresurarían a auxiliarnos, pare que adquiriésemos un bien cuyas ventajas son recíprocas a entrambos hemisferios. Sin embargo, ¡cuán frustradas esperanzas! No sólo los europeos, pero hasta nuestros hermanos del norte se han mantenido inmóviles espectadores de esta contienda, que por su esencia es la más justa, y por sus resultados, la más bella e importante de cuantas se han suscitado en los siglos antiguos y modernos, porque ¿hasta dónde se puede calcular la trascendencia de la libertad del hemisferio de "La felonía con que Bonaparte, dice Ud., prendió a Carlos IV y a Fernando VII, reyes de esta nación, que tres siglos ha, aprisionó con traición a dos monarcas de la América meridional, es un acto muy manifiesto de la retribución divina, y al mismo tiempo una prueba de que Dios sostiene la justa causa de los americanos y les concederá su independencia".

     

    Parece que Ud. quiere aludir al monarca de Méjico Moctezuma, preso por Cortés y muerto, según Herrera, por el mismo, aunque Solís dice que por el pueblo; y a Atahualpa, Inca del Perú, destruido por Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Existe tal diferencia entre la suerte de los reyes españoles y de los reyes americanos, que no admite comparación; los primeros son tratados con dignidad, conservados, y al fin recobran su libertad y bono; mientras que los últimos sufren tormentos inauditos y los vilipendios más vergonzosos. Si a Guatimozín, sucesor de Moctezuma, se le trata como emperador y le ponen la corona, fue por irrisión y no por respeto; pare que experimentase este escarnio antes que las tortures. Iguales a la suerte de este monarca fueron las del rey Michoacán, Catzontzín; el Zipa de Bogotá y cuantos toquisimas, zipas, ulmenes, caciques y demás dignidades indianas, sucumbieron al poder español. El suceso de Fernando VII es más semejante al que tuvo lugar en Chile en 1535, con el ulmen de Copiapó, entonces reinante en aquella comarca. El español Almagro pretextó, como Bonaparte, tomar partido por la cause del legítimo soberano y, en consecuencia, llama al usurpador, como Fernando lo era en España; aparenta restituir al legítimo a sus Estados, y termina por encadenar y echar a las llamas al infeliz ulmen, sin querer ni aun oír su defensa. Este es el ejemplo de Fernando VII con su usurpador. Los reyes europeos sólo padecen destierro; el ulmen de Chile termino su vida de un modo atroz.

     

    "Después de algunos meses, añade Ud., he hecho muchas reflexiones sobre la situación de los americanos y sus esperanzas futuras; tomo grande interés en sus sucesos, pero me faltan muchos informes relativos a su estado actual, y a lo que ellos aspiran; deseo infinitamente saber la política de cada provincia, como también su población, ¿si desean repúblicas o monarquías, si formarán una gran república, o una gran monarquía? Toda noticia de esta especie que Ud. pueda darme, o indicarme las fuentes a que debo ocurrir. la estimaré como un favor muy particular".

     

    Siempre las almas generosas se interesan en la suerte de un pueblo que se esmera por recobrar los derechos con que el Creador y la naturaleza lo han dotado; y es necesario estar bien fascinado por el error o por las pasiones pare no abrigar esta noble sensación: Ud. ha pensado en mi país y se interesa por él; este acto de benevolencia me inspire el más vivo reconocimiento.

     

    He dicho la población que se calcula por datos más o menos exactos, que mil circunstancias hacen fallidos sin que sea fácil remediar esta inexactitud, porque los más de los moradores tienen habitaciones campestres y muchas veces errantes, siendo labradores, pastores, nómades, perdidos en medio de los espesos e inmensos bosques, llanuras solitarias y aisladas entre lagos y ríos caudalosos. ¿Quién será capaz de formar una estadística complete de semejantes comarcas? Además los tributos que pagan los indígenas; las penalidades de los esclavos; las primicias, diezmos y derechos que pesan sobre los labradores, y otros accidentes alejan de sus hogares a los pobres americanos. Esto es sin traer mención de la guerra de exterminio que ya ha segado cerca de un octavo de la población, y ha ahuyentado una gran parte; pues entonces las dificultades son insuperables y el empadronamiento vendrá a reducirse a la mitad del verdadero censo.

     

    Todavía es más difícil presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada. ¿Se pudo prever cuando el género humano se hallaba en su infancia, rodeado de tanta incertidumbre, ignorancia y error, cuál sería el régimen que abrazaría pare su conservación? ¿Quién se habría atrevido a decir, tal nación será república o monarquía, ésta será pequeña, aquella grande ? En mi concepto, esta es la imagen de nuestra situación. Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias aunque en cierto modo viejo en los usos de la sociedad civil. Yo considero el estado actual de la América, como cuando desplomado el Imperio Romano cada desmembración formó un sistema político, conforme a sus intereses y situación o siguiendo la ambición particular de algunos jefes, familias o corporaciones; con esta notable diferencia, que aquellos miembros dispersos volvían a restablecer sus antiguas naciones con las alteraciones que exigían las cosas o los sucesos; mas nosotros, que apenas conservamos vestigios de lo que en otro tiempo fue, y que por otra parte no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles: en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar éstos a los del país y que mantenernos en él contra la invasión de los invasores; así nos hallamos en el cave más extraordinario y complicado; no obstante que es una especie de adivinación indicar cuál será el resultado de la línea de política que la América siga, me atrevo a aventurar algunas conjeturas, que, desde luego, caracterizo de arbitrarias, dictadas por un deseo racional, y no por un raciocinio probable.

     

    La posición de los moradores del hemisferio americano ha sido, por siglos puramente pasiva: su existencia política era nula. Nosotros estábamos en un grado todavía más abajo de la servidumbre, y por lo mismo con más dificultad pare elevarnos al goce de la libertad. Permítame Ud. estas consideraciones para establecer la cuestión Los Estados son esclavos por la naturaleza de su constitución o por el abuso de ella. Luego un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito. Aplicando estos principios hallaremos que la América no solo estaba privada de su libertad sino también de la tiranía active y dominante. Me explicaré. En las administraciones absolutas no se reconocen límites en el ejercicio de las facultades gubernativas: la voluntad del gran sultán, Kan, rey y demás soberanos despóticos, es la ley suprema y ésta es casi arbitrariamente ejecutada por los bajáes, kanes y sátrapas subalternos de la Turquía y Persia, que tienen organizada una opresión de que participan los súbditos en razón de la autoridad que se les confía. A ellos está encargada la administración civil, militar y política, de rentas y la religión. Pero, al fin son persas los jefes de Ispahan, son turcos los visires del Gran Señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar mandatarios militares y letrados al país de Gengis Kan, que la conquistó, a pesar de que los actuales chinos son descendientes directos de los subyugados por los ascendientes de los presentes tártaros.

     

    ¡Cuán diferente era entre nosotros! Se nos vejaba con una conducta que, además de privarnos de los derechos que nos correspondía nos dejaba en una especie de infancia permanente con respecto a las transacciones públicas. Si hubiésemos siquiera manejado nuestros asuntos domésticos en nuestra administración interior, conoceríamos el curve de los negocios públicos y su mecanismo, y gozaríamos también de la consideración personal que impone a los ojos del pueblo cierto respeto maquinal que es tan necesario conservar en la s revoluciones . He aquí por qué he dicho que estábamos privados hasta de la tiranía activa, pues que no nos era permitido ejercer sus funciones.

     

    Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios pare el trabajo, y cuando más, el de simples consumidores; y aun esta parte coartada con restricciones chocantes: tales son las prohibiciones del cultivo de frutos de Europa, el estanco de las producciones que el Rey monopoliza, el impedimento de las fábricas que la misma Península no posee, los privilegios exclusivos del comercio hasta de los objetos de primera necesidad, las trabas entre provincias y provincias americanas, pare que no se traten, entiendan, ni negocien ¡ en fin, ¿quiere Ud. saber cuál era nuestro destino? los campos pare cultivar el añil, la grana, el café, la caña, el cacao, y el algodón, las llanuras solitarias para criar ganados, los desiertos pare cazar las bestias feroces, las entrañas de la sierra pare excavar el oro que no puede saciar a esa nación avarienta.

     

    Tan negativo era nuestro Estado que no encuentro semejante en ninguna otra asociación civilizada, por más que recorro la serie de las edades y la política de todas las naciones. Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo, ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?

     

    Estábamos como acabo de exportar, abstraídos, y digámoslo así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del Estado. Jamás éramos virreyes, ni gobernadores sino por causes muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares, solo en calidad de subalternos; nobles sin privilegios reales; no éramos, en fin, ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes: todo en contravención directa de nuestras instituciones.

     

    El emperador Carlos V formó un pacto con los descubridores, conquistadores y pobladores de América, que, como dice Guerra, es nuestro contrato social. Los reyes de España convinieron solemnemente con ellos que lo ejecutasen por su cuenta y riesgo, prohibiéndoseles hacerlo a costa de la real hacienda, y por esta razón se les concedía que fuesen señores de la sierra, que organizasen la administración y ejerciesen la judicatura en apelación, con otras muchas exenciones y privilegios que sería prolijo detallar. El Rey se comprometió a no enajenar jamás las provincias americanas, como que a él no tocaba otra jurisdicción que la del alto dominio, siendo una especie de propiedad feudal la que allí tenían los conquistadores pare sí y sus descendientes. Al mismo tiempo existen leyes expresas que favorecen casi exclusivamente a los naturales del país originarios de España en cuanto a los empleos civil es, eclesiásticos y de rentas. Por manera que, con una violación manifiesta de las leyes y de los pactos subsistentes, se han visto despojar aquellos naturales de la autoridad constitucional que les daba su código.

     

    De cuanto he referido será fácil colegir que la América no estaba preparada pare desprenderse de la metrópoli, como súbitamente sucedió. por el efecto de las ilegítimas cesiones de Bayona, y por la inicua guerra que la regencia nos declaró, sin derecho alguno para ello, no sólo por la falta de justicia, sino también de legitimidad. Sobre la naturaleza de los gobiernos españoles, sus decretos conminatorios y hostiles, y el curve entero de desesperada conducta hay escritos, del mayor mérito, en el periódico "El Español" cuyo autor es el señor Blanco; y estando allí esta parte de nuestra historia muy bien tratada, me limito a indicarlo.

     

    Los americanos han subido de repente y sin los conocimientos previos; y, lo que es más sensible, sin la práctica de los negocios públicos, a representar en la escena del mundo las eminentes dignidades de legisladores, magistrados, administradores del erario, diplomáticos, generales, y cuantas autoridades supremas y subalternas forman la jerarquía de un Estado organizado con regularidad.

     

    Cuando las águilas francesas sólo respetaron los muros de la ciudad de Cádiz, y con su vuelo arrollaron los frágiles gobiernos de la Península, entonces quedamos en la orfandad. Ya antes habíamos sido entregados a la merced de un usurpador extranjero; después, lisonjeados con la justicia que se nos debía y con esperanzas halagüeñas siempre burladas; por último, inciertos sobre nuestro destino futuro y amenazados por la anarquía, a cause de la falta de un gobierno legítimo, justo y liberal, nos precipitamos en el caos de la revolución. En el primer momento sólo se cuidó de proveer a la seguridad interior, contra los enemigos que encerraba nuestro seno. Luego se extendió a la seguridad exterior; se establecieron autoridades que sustituimos a las que acabábamos de deponer, encargadas de dirigir el curve de nuestra revolución, y de aprovechar la coyuntura feliz en que nos fuese posible fundar un gobierno constitucional, digno del presente siglo, y adecuado a nuestra situación.

     

    Todos los nuevos gobiernos marcaron sus primeros pasos con el establecimiento de juntas populares. Estas formaron en seguida reglamentos pare la convocación de congresos que produjeron alteraciones importantes. Venezuela erigió un gobierno democrático y federal, declarando previamente los derechos del hombre, manteniendo el equilibrio de los poderes, y estatuyendo leyes generales en favor de la libertad civil, de imprenta y otras; finalmente se constituyó un gobierno independiente. La Nueva Granada siguió con uniformidad los establecimientos políticos y cuantas reformas hizo Venezuela, poniendo por base fundamental de su constitución el sistema federal más exagerado que jamás existió; recientemente se ha mejorado con respecto al poder ejecutivo general, que ha obtenido cuantas atribuciones le corresponden Según entiendo, Buenos Aires y Chile han seguido esta misma línea de operaciones; pero como nos hallamos a tanta distancia, los documentos son tan raros y las noticias tan inexactas, no me animaré ni aun a bosquejar el cuadro de sus transacciones.

     

    Los sucesos de Méjico han sido demasiado varios, complicados, rápidos y desgraciados, pare que se puedan seguir en el curve de su revolución. Carecemos, además, de documentos bastante instructivos, que nos hagan capaces de juzgarlos. Los independientes de Méjico, por lo que sabemos, dieron principio a su revolución en septiembre de 1810, y un año después ya tenía centralizado su gobierno en Zitácuaro e instalada allí una junta nacional, bajo los auspicios de Fernando VII, en cuyo nombre se ejercían las funciones gubernativas. Por los acontecimientos de la guerra, esta junta se trasladó a diferentes lugares, y es verosímil que se haya conservado hasta estos últimos momentos, con las modificaciones que los sucesos hayan exigido. Se dice que ha creado un generalísimo o dictador, que lo es el ilustre general Morelos; otras hablan del célebre general Rayón; lo cierto es que, uno de estos grandes hombres, o ambos separadamente, ejercen la autoridad suprema en aquel país; y recientemente, ha aparecido una constitución pare el régimen del Estado. En marzo de 1812 el gobierno residente en Zultepec, presentó un plan de paz y guerra al virrey de Méjico, concebido con la más profunda sabiduría. En él se reclamó el derecho de gentes, estableciendo principios de una exactitud incontestable. Propuso la junta que la guerra se hiciese como entre hermanos y conciudadanos; pues que no debía ser más cruel que entre naciones extranjeras; que los derechos de gentes y de guerra, inviolables pare los mismos infieles y bárbaros, debían serlo más pare cristianos, sujetos a un soberano y a unas mismas leyes; que los prisioneros no fuesen tratados como reos de lesa majestad ni se degollasen los que rendían las armas, sino que se mantuviesen en rehenes pare canjearlos; que no se entrase a sangre y fuego en las poblaciones pacíficas, no las diezmasen, ni quintasen pare sacrificarlas; y concluye que, en cave de no admitirse este plan, se observarían rigurosamente las represalias. Esta negociación se trató con el más alto desprecio; no se dio respuesta a la junta nacional; las comunicaciones originales se quemaron públicamente en la plaza de Méjico, por mano del verdugo, y la guerra de exterminio continuó por parte de los españoles con su furor acostumbrado, mientras que los mejicanos y las otras naciones americanas no la hacían ni aun a muerte con los prisioneros de guerra que fuesen españoles. Aquí se observe que por causes de conveniencia, se conservó la apariencia de sumisión al rey y aun a la constitución de la monarquía. Parece que la junta nacional es absoluta en el ejercicio de las funciones legislativas, ejecutivas y judiciales, y el número de sus miembros muy limitado.

     

    Los acontecimientos de la Tierra Firme nos han probado que las instituciones perfectamente representativas, no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales. En Caracas el espíritu de partido tomó su origen en las sociedades, asambleas, y elecciones populares; y estos partidos nos tornaron a la esclavitud. Y así como Venezuela ha sido la república americana que más se ha adelantado en sus instituciones políticas, también ha sido el más claro ejemplo de la ineficacia de la forma democrática y federal pare nuestros nacientes Estados. En Nueva Granada las excesivas facultades de los gobiernos provinciales y la falta de centralización en el general, han conducido aquel precioso país al estado a que se ve reducido en el día. Por esta razón, sus débiles enemigos se han conservado, contra todas las probabilidades. En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina Desgraciadamente estas cualidades parecen estar muy distantes de nosotros en el grado que se requiere; y por el contrario, estamos dominados de los vicios que se contraen bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido en fiereza, ambición, venganza y codicia.

     

    "Es más difícil, dice Montesquieu, sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre". Esta verdad está comprobada por los anales de todos los tiempos, que nos muestran, las más de las naciones libres, sometidas al yugo, y muy pocas de las esclavas recobrar su libertad. A pesar de este convencimiento, los meridionales de este continente han manifestado el conato de conseguir instituciones liberales y aun perfectas, sin dude, por efecto del instinto que tienen todos los hombres de aspirar a su mejor felicidad posible; la que se alcanza, infaliblemente, en las sociedades civiles, cuando ellas están fundadas sobre las bases de la justicia, de la libertad y de la igualdad. Pero ¿seremos nosotros capaces de mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de una república ? ¿Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como a Icaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo? Tal prodigio es inconcebible, nunca visto. Por consiguiente, no hay un raciocinio verosímil que nos halague con esta esperanza.

     

    Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo, y menos deseo una monarquía universal de América, porque este proyecto, sin ser útil, es también imposible. Los abusos que actualmente existen no se reformarían y nuestra regeneración sería infructuosa. Los Estados americanos han menester de los cuidados de gobiernos paternales que curen las llagas y las heridas del despotismo y la guerra. La metrópoli, por ejemplo, sería Méjico, que es la única que puede serlo por su poder intrínseco, sin el cual no hay metrópoli. Supongamos que fuese el istmo de Panamá, punto céntrico para todos los extremos de este vasto continente, ¿no continuarían éstos en la languidez y aun en el desorden actual ? Para que un solo gobierno dé vida, anime, ponga en acción todo s lo s resortes de la prosperidad pública, corrija, ilustre y perfeccione al Nuevo Mundo, sería necesario que tuviese las facultades de un Dios, y cuando menos las luces y virtudes de todos los hombres.

     

    EL espíritu de partido que, al presente agita a nuestros Estados, se encendería entonces con mayor encono, hallándose ausente la fuente del poder, que únicamente puede reprimirlo. Además los magnates de las capital es no sufrirían la preponderancia de los metropolitanos a quienes considerarían como a otros tantos tiranos: sus celos llegarían hasta el punto de comparar a éstos con los odiosos españoles. En fin, una monarquía semejante sería un coloso disforme, que su propio peso desplomaría a la menor convulsión

     

    M. de Pradt ha dividido sabiamente a la América en quince a diez y siete Estados independientes entre sí, gobernados por otros tantos monarcas. Estoy de acuerdo en cuanto a lo primero, pues la América comporta la creación de diez y siete naciones; en cuanto a lo segundo, aunque es más fácil conseguirlo, es menos útil, y así no soy de la opinión de las monarquías americanas. He aquí mis razones: el interés bien entendido de una república se circunscribe en la esfera de su conservación, prosperidad y gloria. No ejerciendo la libertad imperio, porque es precisamente su opuesto, ningún estímulo excite a los republicanos a extender los términos de su nación, detrimento de sus propios medios, con el único objeto de traer participar a sus vecinos de una constitución liberal. Ningún derecho adquieren, ninguna ventaja sacan venciéndolos; a menos que los reduzcan a colonias, conquistas o aliados, siguiendo el ejemplo de Roma. Máximas y ejemplos tales, están en oposición directa con los principios de justicia de los sistemas republicanos; y aun diré más, en oposición manifiesta con los intereses de sus ciudadanos: porque un Estado demasiado extenso en sí mismo o por sus dependencias, al cabo viene en decadencia y convierte su forma libre en otra tiránica; relaja los principios que deben conservarla y ocurre por último al despotismo. El distintivo de las pequeñas repúblicas es la permanencia, el de las grandes es vario; pero siempre se incline al imperio. Casi todas las primeras han tenido una larga duración; de las segundas sólo Roma se mantuvo algunos siglos, pero fue porque era república la capital y no lo era el resto de sus dominios, que se gobernaban por leyes e instituciones diferentes, Muy contraria es la política de un rey cuya inclinación constante se dirige al aumento de sus posesiones, riquezas y facultades: con razón porque su autoridad crece con estas adquisiciones, tanto con respecto a sus vecinos, como a sus propios vasallos que temen en él un poder tan formidable, cuanto es su imperio, que se conserve por medio de la guerra y de las conquistas. Por estas razones pienso que los americanos ansiosos de paz, ciencias, artes, comercio y agricultura, preferirían las repúblicas a los reinos; y me parece que estos deseos se conforman con las mires de la Europa.

     

    No convengo en el sistema federal entre los populares y representativos, por ser demasiado perfecto y exigir virtudes y talentos políticos mayo superiores a los nuestros; por igual razón rehuso la monarquía mixta de aristocracia y democracia, que tanta fortuna y esplendor ha procurado a la Inglaterra. No siéndonos posible lograr entre las repúblicas y monarquías lo más perfecto y acabado, evitemos caer en anarquías demagógicas, o en tiranías monócratas. Busquemos un medio entre extremos opuestos, que nos conducirían a los mismos escollos, a la infelicidad y al deshonor. Voy a arriesgar el resultado de mis cavilaciones sobre la suerte futuro de la América: no la mejor sino la que sea más asequible.

     

    Por la naturaleza de las localidades, riquezas , poblaciones y carácter de los mejicanos, imagino que intentarán al principio establecer una república representativa, en la cual tenga grandes atribuciones el poder ejecutivo, concentrándolo en un individuo que si desempeña sus funciones con acierto y justicia, casi naturalmente vendrá a conservar su autoridad vitalicia. Si su incapacidad o violenta administración excite una conmoción popular que triunfe, este mismo poder ejecutivo quizás se difundirá en una asamblea. Si el partido preponderante es militar o aristocrático exigirá probablemente una monarquía que al principio será limitada y constitucional, y después inevitablemente declinará en absoluta; pues debemos convenir en que nada hay más difícil en el orden político que la conservación de una monarquía mixta; y también es preciso convenir en que sólo un pueblo tan patriota como el inglés, es capaz de contener la autoridad de un rey, y de sostener el espíritu de libertad bajo un cetro y una corona.

     

    Los Estados del istmo de Panamá, hasta Guatemala formarán quizá una asociación. Esta magnífica posición entre los dos grandes mares, podrá ser con el tiempo el emporio del universo, sus canales acortarán las distancias del mundo, estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia; traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del globo. ¡ Acaso sólo allí podría fijarse algún día la capital de la tierra como pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo hemisferio!

     

    La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo, o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas, en honor de este héroe de la filantropía, se funde entre los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahia-honda. Esta posición, aunque desconocida, es más ventajosa por todos respectos. Su acceso es fácil y su situación tan fuerte, que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganado, y una grande abundancia de maderas de construcción. Los salvajes que la habitan serían civilizados y nuestras posesiones se aumentarían con la adquisición de la Guajira. Esta nación se llamaría Colombia como un tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio. Su gobierno podrá imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar de un rey, habrá un poder ejecutivo electivo, cuando más vitalicio, y jamás hereditario, si se quiere república; una cámara o senado legislativo hereditario, que en las tempestades políticas se interponga entre las olas populares y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo, de libre elección, sin otras restricciones que las de la cámara baja de Inglaterra. Esta constitución participaría de todas las formas, y yo deseo que no participe de todos los vicios. Como esta es mi patria tengo un derecho incontestable para desearle lo que en mi opinión es mejor. Es muy posible que la Nueva Granada no convenga en el reconocimiento de un gobierno central, porque es en extremo adicta a la federación; y entonces formará, por sí sola un Estado que, si subsiste, podrá ser muy dichoso por sus grandes recursos de todo género.

     

    Poco sabemos de las opiniones que prevalecen en Buenos Aires, Chile y el Perú; juzgando por lo que se trasluce y por las apariencias en Buenos Aires habrá un gobierno central, en que los militares se lleven la primacía por consecuencia de sus divisiones intestinas y guerras externas. Esta constitución degenerará necesariamente en una oligarquía, o una monocracia con más o menos restricciones, y cuya denominación nadie puede adivinar. Sería doloroso que tal cosa sucediese, porque aquellos habitantes son acreedores a la más espléndida gloria.

     

    El reino de Chile está llamado por la naturaleza de su situación, por las costumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos del Arauca, a gozar de las bendiciones que derraman las justas y dulces leyes de una república Si alguna permanece largo tiempo en América, me inclino a pensar que será la chilena. Jamás se ha extinguido allí el espíritu de libertad; los vicios de la Europa y del Asia llegarán tarde o nunca a corromper las costumbres de aquel extremo del universo. Su territorio es limitado; estará siempre fuera del contacto inficionado del resto de los hombres; no alterará sus leyes, usos y prácticas; preservará su uniformidad en opiniones políticas y religiosas; en una palabra, Chile puede ser libre.

     

    El Perú, por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal; oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad: se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas.

     

    Aunque estas reglas serían aplicables a toda la América, creo que con más justicia las merece Lima, por los conceptos que he expuesto y por la cooperación que ha prestado a sus señores contra sus propios hermanos, los ilustres hijos de Quito, Chile y Buenos Aires. Es constante que el que aspira a obtener la libertad, a lo menos lo intenta. Supongo que en Lima no tolerarán los ricos la democracia, ni los esclavos y pardos libertos la aristocracia: los primeros preferirán la tiranía de uno solo, por no padecer las persecuciones tumultuarias y por establecer un orden siquiera pacífico. Mucho hará si consigue recobrar su independencia.

     

    De todo lo expuesto, podemos deducir estas consecuencias: las provincias americanas se hallan lidiando por emanciparse; al fin obtendrán el suceso; algunas se constituirán de un modo regular en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos ya en la actual, ya en las futuras revoluciones, que una gran monarquía no será fácil consolidar, una gran república imposible.

     

    Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América. ¡ Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos. Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración; otra esperanza es infundada, semejante a la del abate St. Pierre, que concibió el laudable delirio de reunir un congreso europeo para decidir de la suerte y de los intereses de aquellas naciones.

     

    "Mutaciones importantes y felices, continúa Ud., pueden ser frecuentemente producidas por efectos individuales". Los americanos meridionales tienen una tradición que dice que cuando Quetzalcoatl, el Hermes o Buda de la América del Sur, resignó su administración y los abandonó, les prometió que volvería después que los siglos designados hubiesen pasado, y que él restablecería su gobierno y renovaría su felicidad. ¿Esta tradición no opera y excita una convicción de que muy pronto debe volver? ¿Concibe Ud. cuál será el efecto que producirá, si un individuo, apareciendo entre ellos, demostrase los caracteres de Quetzalcoatl, el Buda del bosque, o Mercurio, del cual han hablado tanto las otras naciones? ¿No cree Ud. que esto inclinaría todas las partes? ¿No es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en estado de expulsar a los españoles, sus tropas y los partidarios de la corrompida España pare hacerlos capaces de establecer un imperio poderoso, con un gobierno libre y leyes benévolas?

     

    Pienso como Ud. que causes individuales pueden producir resultados generales; sobre todo en las revoluciones. Pero no es el héroe, gran profeta, o Dios del Anahuac, Quetzalcoatl el que es capaz de operar los prodigiosos beneficios que Ud. propone. Este personaje es apenas conocido del pueblo mejicano y no ventajosamente, porque tal es la suerte de los vencidos aunque sean dioses. Sólo los historiadores y literatos se han ocupado cuidadosamente en investigar su origen, verdadera o falsa misión, sus profecías y el término de su carrera. Se dispute si fue un apóstol de Cristo o bien pagano. Unos suponen que su nombre quiere decir Santo Tomás; otros que Culebra Emplumada; y otros dicen que es famoso profeta de Yucatán, Chilan-Cambal. En una palabra, los más de los autores mejicanos, polémicos e historiadores profanos, han tratado con más o menos extensión la cuestión sobre el verdadero carácter de Quetzalcoatl. El hecho es, según dice Acosta, que él estableció una religión, cuyos ritos, dogmas y misterios tenían una admirable afinidad con la de Jesús, y que quizás es la más semejante a ella. No obstante esto, muchos escritores católicos han procurado alejar la idea de que este profeta fuese verdadero, sin querer reconocer en él a un Santo Tomás como lo afirman otros célebres autores. La opinión general es que Quetzalcoatl es un legislador divino entre los pueblos paganos del Anahuac del cual era lugarteniente, el gran Moctezuma, derivando de él su autoridad. De aquí se infiere que nuestros mejicanos se seguirían al gentil Quetzalcoatl, aunque apareciese bajo las formas más idénticas y favorables, pues que profesan una religión la más intolerante y exclusive de las otras.

     

    Felizmente lo s director es de la independencia de Méjico se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa virgen de Guadalupe por reina de los patriotas; invocándola en todos los casos arduos y llevándola en sus banderas. Con esto el entusiasmo político ha formado una mezcla con la religión, que ha producido un fervor vehemente por la sagrada cause de la libertad. La veneración de esta imagen en Méjico es superior a la más exaltada que pudiera inspirar el más diestro profeta.

     

    Seguramente la unión es la que nos falta pare completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados. De este modo la mesa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna entre nosotros, la mesa ha seguido a la inteligencia.

     

    Yo diré a Ud. lo que puede ponernos en actitud de expulsar a los españoles y de fundar un gobierno libre: es la unión, ciertamente; mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. La América está encontrada entre sí, porque se halla abandonada de todas las naciones; aislada en medio del universo, sin relaciones diplomáticas ni auxilios militares, y combatida por la España que posee más elementos para la guerra que cuantos nosotros furtivamente podemos adquirir.

     

    Cuando los sucesos no están asegurados, cuando el Estado es débil, y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan, las opiniones se dividen, las pasiones las agitan y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio. Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria; entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades a que está destinada la América meridional; entonces las ciencias y las artes que nacieron en el Oriente y han ilustrado la Europa volarán a Colombia libre, que las convidará con un asilo.

     

    Tales son , señor las observaciones y pensamientos que tengo el honor de someter a Ud. para que los rectifique o deseche, según su mérito, suplicándole se persuada que me he atrevido a exponerlos, más por no ser descortés, que porque me crea capaz de ilustrar a Ud. en la materia.

     

    Soy de Ud., etc., etc.. etc.

     

    BOLÍVAR

     

    (*) La respuesta de Bolívar, fechada el 6 de septiembre de 1810, fue dirigida a su corresponsal inglés Mr. Henry Cullen.

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    SIMÓN BOLÍVAR - BIOGRAFÍA

     

    SIMÓN BOLÍVAR

     

     Simón  Bolívar Palacios nació en Caracas el 24 de julio de 1783. Hijo de Juan Vicente Bolívar y María Concepción Palacios. Nació en la aristocracia, Simón Bolívar recibió una excelente educación de sus tutores, principalmente Simón Rodríguez. 

     Cuando tenía nueve años Bolívar perdió sus padres y quedó en tutela de su abuelo materno que poco después también murió y Simón quedó a cargo de su tío Carlos Palacios. 

     A la edad de quince, su tío lo mandó a España para continuar con su educación. Bolívar viajó hacia España en 1799 con su amigo Esteban Escobar. Llegó a Madrid en junio de ese año y quedándose con su tío Estaban Palacios. En Madrid, Bolívar conoció a María Teresa Rodríguez del Toro con quien contrajo matrimonio  en 1802. 

     Imagen de Simón Bolívar

     Poco después vuelve a Venezuela, en 1803, año en el que su mujer, María Teresa, murió de fiebre amarilla. Este acontecimiento le afecta tremendamente, tanto que decide que nunca más contraería matrimonio. 

     Tras perder a su esposa, Bolívar regresó a Europa con su tutor y amigo, Simón Rodríguez, en 1804. Mientras  presenció al nombramiento de Napoleón Bonaparte como Emperador Francés y después asistió en Milán a la coronación de Napoleón como Rey de Italia. Bolívar perdió respeto por Napoleón, a quien él consideró un traidor a las ideas republicanas. Pero era en Italia donde Bolívar hizo su juramento sobre el Monte Sacro de Roma de no descansar hasta que América sea libre. Después, viajó a París, donde se inició en la masonería afiliándose a una logia. Dos años después vuelve a América, haciendo una escala de dos meses en los Estados Unidos. Tras esto, vuelve a Venezuela. 

     En 1808 Napoleón instaló a su hermano, José, como Rey de España. Esto inició una gran revolución popular en España conocida como la Guerra Peninsular. En América, juntas regionales se formaron para luchar contra el nuevo rey. Las juntas  americanas lucharon contra el poder del rey, no solo la persona de José Bonaparte. Ese mismo año, la junta de Caracas declaró su independencia de España. Bolívar el 3 de junio de 1811, dio su discurso en favor de la independencia americana a la Sociedad Patriótica siendo dos días después declarado como día de la Independencia venezolana. 

     La reunión de San Martín (derecha) y Simón Bolívar (izquierda) en Guayaquil, Ecuador, el 26 de julio de 1822, donde se decidió la campaña de liberación de Sudamérica del control español.

     El 13 de agosto, fuerzas venezolanas bajo el mando de Francisco de Miranda lograron una victoria en Valencia. El 24 de julio del año siguiente, 1812, Miranda se rindió tras varios desastres militares y Bolívar tuvo que refugiarse en Cartagena. En ese lugar, Bolívar escribió su famoso "Manifiesto de Cartagena" en el cual declaró que Nueva Granada debería ayudar a liberar Venezuela porque su causa era la misma y porque la libertad de Venezuela traería la libertad de Nueva Granada. Bolívar recibió ayuda de Nueva Granada y en 1813 invadió Venezuela. Entró en Mérida el 23 de mayo y fue nombrado "Libertador" por el pueblo. 

     El 8 de junio Bolívar proclamó la "guerra a muerte" en favor de la libertad. Bolívar tomó Caracas el 6 de agosto y poco después proclamó la segunda república venezolana. Un año más tarde Bolívar sitió Cartagena, pero la falta de ayuda por parte del gobierno de Nuevo Granada le hizo desistir y refugiarse en Jamaica. Allí escribió su "Carta de Jamaica". Ese mismo año Bolívar viajó a Haití y solicitó a su presidente, Alejandro Sabes Petión,  apoyo para ayudar a la causa hispanoamericana. En 1817, con ayuda de Haití, Bolívar regreso al continente para continuar luchando. 

    Sable de Simón Bolívar

     A principio de año logró entrar en Barcelona y para conseguir la independencia definitiva de Venezuela, establece en Angostura la capital de su gobierno, la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819 resultó en una gran victoria para Bolívar y el ejército de la revolución. Ese año, Bolívar creó el Congreso de Angostura que fundó Gran Colombia, la cual nombró a Bolívar presidente. 

     Durante los años siguientes  la oposición española fue eliminada. Después de la victoria de Antonio José de Sucre sobre las fuerzas españolas en la Batalla de Pichincha el 23 de mayo de 1822 el norte de Sudamérica fue liberada. Con esa gran victoria Bolívar preparó para marchar con su ejército para cruzar los Andes y liberar Perú. El 26 de julio de 1822 Bolívar tuvo una conferencia con José de San Martín en Guayaquil para discutir la estrategia para la liberación de Perú. Nunca se ha sabido lo que ocurrió en esa reunión secreta los dos personajes latinoamericanos, pero San Martín volvió a Argentina mientras Bolívar preparó para la lucha contra el último bastión español en Sudamérica. 

     En 1823 Bolívar tomó comando de la invasión de Perú y en septiembre llegó en Lima con Sucre para planear el ataque. Posteriormente obtuvo una gran victoria frente a Canterac en Junín, el 6 de agosto de 1824. 

     La victoria definitiva se producirá en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, cuando las tropas del virrey La Serna sean derrotadas. Con ello, la etapa militar independentista queda concluida, y Bolívar puede renunciar a sus poderes militares ante el Congreso del Perú, el 10 de febrero de 1825. Posteriormente partió hacia el Alto Perú, proclamando la "República de Bolívar", hoy llamada Bolivia. El 6 de agosto de 1825 Sucre creó el Congreso del Alto Perú cual creó la República de Bolivia en honor de Bolívar. 

     La Constitución de 1826, aunque nunca tuvo vigencia, fue escrita por Bolívar mismo. También en 1826 Bolívar creó el Congreso de Panamá, la primera conferencia hemisférica. Pero en 1827 debido a rivalidades personales entre los generales de la revolución, explotaron guerras civiles que destrozaron la unión sudamericana por cual Bolívar había luchado. 

    Retrato de Simón Bolivar con su sable.

     El Libertador Simón Bolívar murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830.

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    RECONOCIMIENTO. Textos e imágenes, Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República de Colombia."Bicentenario de una nación en el mundo", publicación digital en la página http://www.lablaa.org/bicentenario/index.htmlBúsqueda realizada el 4 de febrero de 2010.

     

     

     

     

     

     

     

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